Un árbol en la casa

Óscar Blasco Lázaro

Un árbol en la casa logotipo
Esquema puntos principales del libro

Destino

El sábado desayunamos tostadas con mermelada y zumo de naranja como hacemos todos los sábados. Al rato, nos acercamos al hospital y tuvimos un hijo. Al salir, el lunes al atardecer, la primera sombra que lo acarició fue la del gran ombú que hay en la entrada. «Es una suerte para él», pensé. Quien conozca esa extraña planta sabrá que entre sus troncos y bajo sus ramas cualquier mundo es posible: sólo tienes que imaginarlo. No correrán la misma suerte los recién nacidos que abandonen
el hospital por las mañanas, bajo la sombra fría, estricta y aburrida del ciprés centenario que hay en la entrada, al otro lado.

Yo también soy un hombre afortunado, como mi hijo. Este lunes descubrí quién escribe los destinos. Cuando llegue el invierno, volveré al hospital donde nací en busca del árbol que escribió el mío. Cuando lo vea sabré que fue él. Me pondré otra vez bajo su sombra y escucharé mi porvenir.

Bosque

A ninguno nos sorprende cruzarnos con una manada de lobos al ir al trabajo; no es extraño ver a los linces acechando a sus presas con sigilo al atravesar el bosque de regreso a casa; nos parece normal compartir nuestros paseos con rebecos, tejones y ginetas. Hace tanto tiempo que es así, que ya nadie recuerda cómo empezó todo.

Aquella tarde, la televisión retransmitía en directo el esperado debate sobre la futura reforma de la Gran Avenida. Cuando los políticos habían presentado ya sus propuestas, un caracol interrumpió al moderador. Deslizándose sobre la mesa, se acercó hasta un micrófono, miró fijamente a la cámara y, con voz serena, recitó estas palabras: «Yo haría un bosque. Ni una rambla ni un bulevar: un bosque. Respetaría las encinas y nada más. Fuera plátanos y palmeras; fuera coches, autobuses y tranvías; fuera bancos, semáforos, farolas y papeleras; fuera bordillos, calzadas y aceras; fuera todo, sólo bosque. Regalaría un árbol a cada vecino para que lo plantara y cuidara con esmero; en poco tiempo tendríamos el bosque que imagino. Más adelante haría lo mismo con la vía del Norte para que, desde las montañas, bajaran los jabalíes, las liebres y las musarañas. Seguiría por el paseo del Sur hasta el zoo y soltaría a los ciervos, los gamos y los bisontes; a todos los loros que supieran hablar y a muchos monos, para aplaudir, reír y animar».

Edades

Balneario el Paraíso. Con solo pronunciar su nombre ya te relajas. Todo está dispuesto para que encuentres tu paz interior: graciosos riachuelos, olmos centenarios, puentecillos de madera... Me pregunto por qué sus huéspedes son personas ya mayores. No entiendo qué hacen aquí protegiendo sus vidas ya casi agotadas. Por qué a esta hora no están abajo, en las fiestas del pueblo, corriendo delante de los novillos, disfrutando del placer que da ponerse frente al peligro. Y qué hacen, en esta plaza, todos estos jóvenes, arriesgando su divino tesoro por un poco de diversión. Por qué a esta hora no están todos arriba, en el balneario, cultivando el pensamiento sereno, el hablar paciente y el andar calmado. Y yo, qué hago yo subiendo y bajando, de un lado al otro, anhelando lo que aún no tengo, añorando lo que ya he perdido.

Plaza

Imagina cuatro partidos de fútbol y una carrera de bicicletas. Imagina cincuenta invitados lanzando arroz a unos novios y tres talleres de pintura con tizas de colores. Imagina a sesenta abuelos sentados en doce bancos de tres metros de largo y a doscientos jóvenes en seis terrazas tomando centenares de bebidas y de helados. Imagina todo eso a la vez. Ahora añade diez acacias y siete plátanos de quince metros de altura, un quiosco de periódicos y, en el centro, una torre con cuatro relojes y un campanario en lo alto. Ahora imagina que los futbolistas juegan entre los novios, que los ciclistas sortean a los pintores, que las acacias lanzan semillas voladoras sobre las bebidas de los jóvenes y las revistas de amor, que las campanadas despiertan a los abuelos adormilados y que las hojas secas de los plátanos incordian al quiosquero, ruedan entre los jóvenes, los ciclistas, los novios y los futbolistas, sirven de patrón a los pintores aficionados y de abanico a los abuelos acalorados. Imagina… y si no puedes, acércate por aquí un viernes por la tarde.

Grietas

Mi mujer y yo venimos de familias de agricultores. Nuestras tierras eran vecinas y así fue como nos conocimos, una tarde de cosecha compartiendo la merienda. Los dos quisimos lo mejor para nuestro hijo y por eso lo mandamos a estudiar. Un día se presentó en casa vestido con traje y corbata y nos llenó la cabeza de promesas y de números, y mi mujer y yo nos dejamos llevar por el amor y la ignorancia, y ahora nuestro futuro agoniza aplastado por el peso del hormigón y la codicia, y nuestro hijo vive encerrado en su antigua habitación, llorando para hacerse perdonar, y su madre ya no quiere salir de casa y yo, yo paso las tardes enteras paseando entre mis errores, animando a las plantas que asoman, victoriosas, entre las grietas del asfalto.

“Empezando por su edición, Un árbol en la casa es un libro que combina fantasía y precisión, fruto del entusiasmo y de la seriedad que practica su autor, tanto en la literatura como en la arquitectura. No podía ser de otra manera al ser Óscar Blasco un personaje de una pieza. ¡Fantasía y precisión! Mágica combinación de dos elementos difíciles de reunir… y que, una vez juntos, se necesitan el uno en el otro. El círculo se cierra”.

Jordi Garcés, catedrático y arquitecto

“He encontrado con tu libro una nueva manera de observar el mundo. Hacía años que no leía nada tan bonito. Realmente te hace pensar. Tiene un toque dulce, melancólico y mágico. Por otro lado, de vez en cuando, te roba una sonrisa. Exquisito”.

Judit Ester, maestra

“El territorio vacío. El lugar donde no pasa nada. El espacio donde podría pasar todo. Un árbol en la casa son todas esas posibilidades necesarias. Cada página parte de un solar deshabitado, de un hueco desde el que idear. Posibles paisajes, increíbles historias, extrañas arquitecturas o rocambolescos finales. Un árbol en la casa necesita, exige, que no todo esté ordenado. Solo desde allí se puede imaginar. Siéntense y paseen”.

Clara Nubiola, artista urbana

“He estado leyendo el libro desde hace tiempo, muy despacio, saboreando línea a línea y viajando por esta mezcla de mundos que muestras en cada página, mundos de tiempos diversos, mundos imaginativos y reales, mundos de recuerdos y de deseos, que me han hecho pensar, reflexionar y que me han dado un placer intenso y un poco melancólico”.

Rosa Regás, escritora

“Un árbol en la casa habla de la magia del paisaje: de cómo nuestra forma de vivir se inscribe en nuestro entorno y de cómo los paisajes que frecuentamos modelan nuestras vidas. Y todo, no para dar truculentas soluciones a supuestos problemas, sino simplemente para invitar a pensar cuidadosamente en lo que hacemos”.

Victor Ténez, arquitecto y paisajista

“Un árbol en la casa es una antología de cuentos breves de una singular y sutil narrativa en la que la frontera entre prosa y poesía se diluye. Los relatos, en apariencia sencillos, alcanzan una resonancia interior que va mucho más allá de la simple observación de la realidad. El autor explora la secreta intimidad de los personajes, seres y objetos anodinos, pero protagonistas de historias enigmáticas que recrean un mundo profundamente poético y espiritual”.

Imma Torné, editora

“En el libro hay ambición, voluntad de estilo, ingenio, ironía y buen uso de la elipse y de la economía narrativa. Me ha gustado mucho, por ejemplo, Grietas, que en doce rayas describe un drama brutal. También me han gustado bastante Plaza y Cipreses. Otros me dejan más frío. Supongo que es una cuestión de gusto personal. En todo caso, estoy seguro que muy pronto te ganarás la atención de los lectores”.

Carles Casajuana, diplomático y escritor

“Lo estoy leyendo y por ahora lo que más me gusta es cómo en un momento, en muy pocas palabras, estoy dentro de la narración, por corta que sea. Me parece fascinante”.

Anna Badia, librera

Primera edición: noviembre de 2018

© Óscar Blasco Lázaro

© Un árbol en la casa, 2018

Ilustración de portada y pop-up: Plego

Diseño y maquetación: Mariona García

Tipografía: Chronicle Text G1 (Hoefler & Co., 2002)

Papel 100% reciclado: Colorplan Candy Pink y Biotop 3

Impreso en Barcelona por Gràfiques Ortells

ISBN: 978-84-09-02599-2

Depósito legal: B 27936-2018

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